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La Batalla de Lepanto

La batalla de Lepanto

Los turcos nos estaban invadiendo, el cristianismo corría mucho peligro, el Papa Pio V da la voz de alarma, y sin dudarlo España estaba allí. Demostrando el poderío de su armada, de sus soldados y oficiales.

Corría el 7 de Octubre de 1571, cuando nuestras tropas, algunas naves venecianas y otras del Estado Pontificio, se aliaron contra el imperio Otomano.

En la madrugada del 7 de octubre toda nuestra flota que había ido formando una cruz, se deshizo formando dos medias lunas, para así dejar a los turcos entre dos fuegos.

La batalla de Lepanto

Batalla de Lepanto

La batalla de Lepanto, al empezar estaba muy igualada, pero los cristianos llevaban arcabuz y los otomanos habían elegido las flechas. Era cierto que por cada disparo de arcabuz, se disparaban muchas flechas, pero había que saber elegir el arma. Tras unas horas luchando cuerpo a cuerpo, la victoria fue de los cristianos.

 

Gracias a las geniales estratégicas de nuestros oficiales, a todo el esfuerzo de todos los que lucharon en apoyo al cristianismo, e incluso gracias a los galeotes que se les prometió la libertad a cambio de luchar al lado de los cristianos, y lo hicieron también que uno de ellos fue quién logró cortar la cabeza del jefe turco Alí Bajá.

Don Juan de Austria había atado en el palo mayor de su barco, un Cristo cedido por la ciudad de Barcelona, el cual según la leyenda “hizo una cinta para esquivar una bala de cañón”. Esta talla del Cristo de Lepanto, se puede ver en la Catedral de Barcelona.

En la galera Marquesa y junto a su hermano Rodrigo, destacaremos a Miguel de Cervantes, que estando enfermo y habiéndole dicho su capitán que se quedase so cubierta, él se negara, y luchase como lo hizo. Recordemos que fue herido en el pecho y en la mano izquierda, aunque en si la mano no la perdió, esta se quedó sin movilidad. De ahí que se le conociese como “El Manco de Lepanto”

Pese a ello, años después saldría de su mano derecha el famoso libro, Don Quijote de la Mancha. Tal fue su valor que Don Juan de Austria le pagó cuatro ducados extras.

Vamos, que por aquel entonces teníamos las ideas muy claritas y sobre todo, que nadie nos vencía.

 

Autor: Hugo Martínez Alonso


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